El arte de caminar por el mundo

La razón por la que pinto —mis razones, en realidad— son diversas. Por encima de todo, pienso que se crea para expresar y comunicar; para mostrar al mundo una verdad interior, un sentimiento, un caos o una idea genuina que palpita dentro y necesita salir.

Desde mi experiencia, otra de las grandes necesidades del arte es la transmutación del dolor: vaciar la herida y liberar aquello que quema desde lo más profundo para, al fin, darle luz, sanar y seguir avanzando. Al final, no siempre hay algo que decir, o al menos no algo tan urgente, y por eso al artista se le reconoce, sobre todo, por su autenticidad.
 

El motivo de la muestra que presentaré este 10 de julio nace de un viaje que realicé por los Estados Unidos hace ya un año. En esa aventura se alinearon de forma mágica los tres motores de mi existencia: la música, la necesidad visceral de crear y el disfrute de una experiencia profundamente enriquecedora.

Para mí, cruzar el océano no fue turismo; fue un viaje de sanación destinado a resolver nudos de vidas pasadas y traer paz a mi sentir más profundo. La música siempre ha sido la brújula que guía mis pasos.

 

Por eso, era inevitable empezar este viaje en las raíces místicas de Nueva Orleans, para luego encaminarme hacia Dakota del Sur, impulsada por la necesidad de respirar la inmensidad de unas montañas sagradas que, estoy completamente segura, ya había pisado en otras vidas.

 

Una invitación muy especial (y un secreto)

 

Esta muestra del 10 de julio es sumamente íntima, pero no termina aquí. Quiero contarte un secreto: esta exposición es solo la primera parada; el primer fragmento de una colección mucho mayor y ambiciosa dedicada por entero a la experiencia del viaje, el arte y la música. Es el cuaderno de bitácora de un alma que camina, plasmado en el lienzo.

Me haría una ilusión inmensa que me acompañaras en el inicio de esta travesía. Para que la experiencia sea completa y el viaje te cale en los huesos, contaremos con la actuación en directo de Jam Extreme, quienes se encargarán de traducir en pura energía y ritmo las emociones que habitan en los cuadros.

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Siempre he pensado que el arte no solo se mira, también se escucha. Cada trazo en estos lienzos nació arrullado por los acordes del camino, y esa noche, la música en vivo romperá el silencio del lugar para que puedas experimentar la obra con todos los sentidos. Será una fusión absoluta donde los colores y las notas musicales se volverán una misma cosa.

 

Te invito oficialmente a compartir conmigo esta tarde tan especial, a escuchar la música que inspiró mis pinceladas y a viajar, a través del arte, por esos caminos sagrados del otro lado del mundo.

¿Nos vemos el 10 de julio? Prepara las maletas de la imaginación, porque la música ya está lista para empezar a sonar y los lienzos están listos para hablar.

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