Las creencias limitantes

Nuestras percepciones y creencias pueden influir en la manera que interpretamos nuestro entorno y respondemos a él.

Creencias y miedos limitantes-niños y adolescentes, Ana Belver Barcelona

No es la genética lo que controla nuestras vidas.
Es la percepción
Es la creencia
Es lo que pensamos, lo que sentimos y lo que sostenemos como verdad. Enlazando con lo que la física cuántica afirma “Nada puede existir realmente hasta que se observe y se le preste atención.”

El cuerpo escucha todo, también lo hace el subconsciente, que procesa constantemente una enorme cantidad de información que no llega de forma consciente a nuestra mente. Cómo explica Bruce Lipton, en “La biología de la creencia”, nuestras percepciones y creencias pueden influir en la manera que interpretamos nuestro entorno y respondemos a él.
El subconsciente juega un papel importante porque muchas de nuestras respuestas y decisiones cotidianas se producen de forma automática, a partir de aprendizajes y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de nuestras vidas.

Volviendo a la escucha del cuerpo, nuestras células responden a lo que escuchan a lo que creemos que es posible y a lo que asumimos como nuestra realidad.

Pero ¿qué son exactamente las creencias limitantes?
Son ideas, pensamientos o interpretaciones que hemos aprendido y que terminamos aceptando como verdades sobre nosotros mismos, sobre los demás o sobre la vida. Muchas veces se construyen a partir de experiencias, palabras que escuchamos, educación y entrono familiar o situaciones vividas.

Una creencia limitante puede ser tan sencilla como pensar: “No soy capaz”, “Esto no es para mí”, Siempre me pasa lo mismo”, “No puedo cambiar, yo ya soy así”.

El problema no está únicamente en pensar todo esto, sino en llegar a creerlas profundamente. Cuando una creencia se instala, puede condicionar nuestras decisiones, nuestras emociones y también aquello que nos permitimos intentar.

Podemos dejar de hacer algo antes incluso de haberlo intentado porque, en algún lugar de nosotros, ya hemos decidido que no somos capaces.

Así pues, cuándo cambiamos una creencia podemos cambiar nuestra manera de percibir, de responder y de relacionarnos con nuestra experiencia.

Cambiamos nuestra química.
Nuestra biología.
Nuestra experiencia.
Nuestra realidad.

 

El verdadero trabajo, entonces, es reconocer nuestras creencias en primera instancia y comenzar a cuestionar, transformar y reprogramar aquello que creemos acerca de nosotros mismos.

Porque no todo lo que pensamos es necesariamente VERDAD.

A veces, aquello que consideramos una realidad simplemente es una interpretación que hemos construido y repetido tantas veces que hemos terminado creyéndola.

 

Cuanto más atención le damos a algo, más espacio ocupa en nuestra realidad. Observa la versión de ti que está avanzando y logrando más de eso que tú quieres, que tu versión actual.

 

Autor: Ana Belver.

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